poesía

El patio de mi casa

Vivir,

Sentir la belleza trepar por los andamios del alma,

Ver enloquecer a los pájaros

Refugiados en nuestro pequeño jardín,

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Espantados del horror del mundo.

Hemos abierto los ojos

De una vez y para siempre.

Aquí estamos:

desnudas,

desesperadas,

(no tan) solas

Intentando salvar a la poesía

De las rapaces garras del tiempo.

—–

Esto apesta

Quisiera ser Rimbaud y encontrar mi Verlaine.
Enloquecer sin piedad,
perder el corazón en el hueco de una ola,
vivir en esos otros mundos que están en éste,

cerrar los ojos para ver lo que no puede ser visto,
abrasarme las entrañas hasta destruir todo rasgo de juventud
y violar toda posible bondad,
esa puta boba que da todo a cambio de nada.

Quisiera tumbarme a velar mis despojos humanos
para entrar,
elegante y vacía,
a la morada del terror.

cierra la ventana, por favor

karcelona 2013 (que es mucho karcelona)

Tu último poema fue

el ruido de tu caída

al precipitarte al vacío.

Como todos tus poemas,

es críptico,

plagado de adjetivos

que no vienen a describir sustantivos,

adjetivos sacados de las criptas,

pescados en los sobacos de los ángeles,

robados de entrepiernas empapadas.

Gracias a esos últimos versos

Hoy estás en boca de todos, 

pero no hablo de las lenguas que tu mojabas,

hablo de las otras, 

las que estaban secas antes de que abrieras la ventana

por última vez. 

Te recuerda el profesor de literatura

de aquella asignatura a la que nunca hubieras ido, 

te nombra y se le empañan las gafas

cuando desgrana la letanía de la “pobre chica normal”,

te invoca  y se le moja el teclado cuando pinta de novedad

el suicidio de las bellas inapropiadas.

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Pero tú te sigues riendo

detrás de tu mechón encargolado.

Me gusta pensar que te sabes inapresable,

demasiado etérea para ser definida

demasiado carnal para ser olvidada.

A veces hay que gritar para que a una la escuchen.

Pero nada es más efectivo para ser tenida en cuenta

que cerrar la boca para siempre.

Da Glashaus 

(Berlín, primavera 2009)

Sola en la Casa de Cristal.

Cric, crac, cric, crac…

Se clavan filamentos en las plantas de los pies

(pero la sangre no corre).

Los sonidos se congelan en el aire.

Apenas respiro

Por temor a que un cristal

Se me meta en la nariz,

anestesiándome,

abandonándome a la mentira

De que vale la pena no ver,

No oler,

no saber.

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.La Casa de Cristal

Es un espejo roto

Donde esa que nunca fui

No podrá decirme quién soy.

.En la Casa de Cristal

No se puede dormir,

Sólo soñar.

Cuando cierras los ojos

Los schhhh y los grrrr

se te meten debajo de las uñas,

Y al despertar

no sabes por qué,

cómo ni cuándo.

..

Un sauce agita lágrimas verdes

a la verita del río.

Un cisne enreda su cuello enguantado

sobre las aguas plateadas.

..

La Casa de Cristal

Es donde el Uno es Él,

Ella, 

la que nunca fui,

ninguna.

Acaso

Una sombra,

Un reflejo,

Un contorno

Una mirada.

..

33

..

Fuera de lugar 

(Valldoreix,  invierno 2010)

Tengo la piel arrugada.

Los huesos chillan cuando intento un movimiento.

El pelo ya no es pelo,
Hebras grises y blancas caen ralas
Desde el territorio yermo del cráneo.

Los párpados gruesos,
La mirada turbia,
Los dientes ausentes.

Miro por la ventana.
El viento se lleva nubarrones
Hacia un lugar que nunca veré.

Me duelen esas nubes.

Presiento el final
Pero se me resiste.
Quiere que le espere.

Lo recibiré dormida
Flotando en el sueño de la amapola

Más allá de la ventana
Más acá de esas nubes

En algún lugar que desconozco
Pero que puedo oler

Como las fieras adivinan la presa
Que les servirá de alimento.

Pero esta vez,
Yo soy la presa.

Vencida,
Olvidada,
Apenas dormida.

En ese espacio incierto
Entre el olvido
Y la pereza de seguir viviendo.

..

Lluvia de abril 

(La Floresta, mayo 2009)

La mirada ávida se desliza de una gota a otra.

Su deseo conoce el intervalo exacto
entre cada una de esas muertes diminutas.

A pesar de su mediodía,

conoce la violencia de la tempestad,

el éxtasis de la humedad en la piel,
los poros violados por esos ínfimos cristales
que sus cándidos dedos intentan atrapar.

Por eso permanece detrás de los cristales,

agazapada como esos nubarrones oscuros

detrás de las montañas

que avanzan inexorables hacia el mar.

—-

[Antes de seguir, dale al play]

Hacer

(La Floresta, 1994)

Hacer: enfermedad del presente.

Salir,

Consumir,

Invertir

sin dar la vuelta.

Ir al cine

Y dejarse vender

una bufanda lila.

Leer el diario

Para olvidarlo al instante.

Hay que actuar  con rapidez.

Llenar la ausencia,

Pintar el vacío.

No sea que nos sorprenda la muerte

Sin saber dónde veranea Carla Bruni,

O cuántas calorías tiene un pollo frito,

O quién se ha llevado el último premio de novela larga,

O cuento corto.

¿Por qué no la desidia,

el no hacer?

¿Por qué no dejar morir a presentadores,

a banqueros y bancarios,

fariseos y demócratas?

¿Por qué no entregarse a algo mucho más banal?

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Dar un salto mortal hacia atrás,

por ejemplo.

O tragarse el horizonte

desde la copa de un pino.

Memorizar las mentiras del Quijote

Y las peripecias de Ulises.

Inventarse una Ítaca propia

Y cansarse del viaje.

Pero sobre todo,

No desear llegar.

Despedida 

(Karcelona, 1993)

Que los párpados se caigan de una vez,
Que se sellen.
Que se acabe el cotidiano misterio
De la sucesión de noches y días.

Que la caída sea
Como el tornado de la fiebre,
Fuerza centrípeta
En la oquedad más sórdida de la conciencia,
En el límite entre el ser y el no ser.

Dicen que un final
No es mejor que otro
Pero que cada quién ha de saber
Cuál es el suyo.

Todo está deshabitado.
El cansancio nos golpea
Como las olas lamen el muelle enmohecido.

Desde la secreta mansedumbre de mi orilla
Adivino la ceguera que te impone
La blancura del tormento.

Ya nunca has de saltar
Las rampas peligrosas
Que te unían a este mundo.

Te quedarás en la otra orilla,
Inmóvil,
Gozando hasta el último segundo
Del final.

Invocación (Karcelona, 1993)

Me siento y escribo verde,
azul.

Tú miras, sin ver,
grises
y algún negro.

Creo en la espesura de un bosque,
siento el batir de una ola
y la arena que me envuelve suavemente.

Tú golpeas tu debilidad
contra las paredes que encuadran tu soledad,

tu dolor de titán encarcelado.

Cae una hoja
y no es otoño.

Un pájaro corta en diagonal
el rectángulo de la espera.

Tu fantasma
vuelve a cambiar
los contornos del silencio.

Ahora,
Siempre,
Tus pequeños ojos hambrientos
con prolongada sed de final.

Luego,
tu boca,
ya pétalo marchito,
dejando caer uno a uno
tus ajados lamentos.

Evoco tu presencia
y suspendo la vida hasta ese encuentro

Provocando al enemigo

para demostrar que no le temo

Presagiando una muerte

después de la batalla.

Desvelada 

(La Boira, La Floresta 1994)

He aquí el instante en el que quiero morir:

mi cabeza en la curva de tu cuello,

nuestros pechos enfrentados olvidados del olvido,

las manos reconociendo

y sosteniendo.

 

Silencio.

Afuera,

el Universo entero estalla

y aquí tú y yo,

dos nadas ocupándolo todo,

un par de cuerpos entregados al abrazo,

indiferentes a todos los sentidos.

 

Hace frío.

Un tren llega.

A lo lejos,

un perro aúlla como un lobo perdido.

Mañana,

cuando abra los ojos esta mitad del mundo

me dirán que entre tú y yo

no hay más que océanos de aire

e intentarán venderme aviones y teléfonos

para llegar a ti.

 

Pero yo sabré,

con paciente certeza,

que es un desierto el que nos separa,

que no ha sido más que una tormenta de arena

lo que te ha traído esta noche hasta mis brazos,

y que una parte de mí se fue contigo

en el largo viaje de las almas.

 

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